Incongruencias.

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alexander mcqueen

Podríamos decir que una incongruencia es algo que no tiene explicación, un hecho extraño, incompleto, que no entendemos, que no vemos posible, que no es previsible, que no esperábamos, que nos contradice, que nos confunde. Yo diría que más o menos es eso, aunque el diccionario define un hecho incongruente como aquel que «carece de lógica o de sentido».
Nuestra inteligencia lineal lógica, heredera del pensamiento recto de Parménides, necesita tener las cosas bajo control, preverlas, explicarlas, ese es su cometido, de modo que una situación inexplicable, imprevisible e incontrolable, le incomoda. Ella vive en nuestro cerebro izquierdo, que es el encargado de planificar, de establecer rutinas, y una incongruencia es algo no planificado, una contrariedad, un error, un problema.
Nuestra inteligencia mética, en cambio, heredera del pensamiento curvo de Heráclito, se siente atraída por lo incongruente, lo indefinido, lo contradictorio. Esa parte de nosotros queda fascinada por aquello que no tiene explicación alguna. La inteligencia mética vive en nuestro cerebro derecho, que es el encargado de actuar frente a los imprevistos, el que tiene sensibilidad hacia lo nuevo, el que toma las riendas cuando la situación se vuelve extraña, el que interviene cuando no necesitamos explicaciones, sino reaccionar.
Frente una incongruencia cada uno de nosotros puede sentir atracción y al mismo tiempo rechazo. Según el peso de cada uno de esos dos sentimientos, según la manera en que nos enfrentamos a ellos, podemos fácilmente evaluar cuál de nuestras dos inteligencias manda en nosotros.

Incongruencias. Desorden. Capítulo 3. Página 79.

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